Qatar, PSG... Un proyecto que no tiene pies ni cabeza


Un proyecto en crisis, rumbo al abismo de la mano de Leonardo. Sin duda el proyecto de QSI con el PSG va en caída libre, gestionado por amateurs y amigos del jeque, la administración del club es un rotundo fracaso y el principal responsable tiene nombre y apellidos, Leonardo Nascimento de Araujo. 

Esta perspectiva reinante en un grupo de aficionados al PSG ¿es atinada, es real, es siquiera verosímil? Opiniones podemos tener todos, pero la realidad se respalda con datos, y a pesar de la calidad de juego que se ha presentado en la cancha en esta primera mitad de temporada, el proyecto e incluso la temporada, están más vivos que nunca. 

Leonardo no es el mejor directivo en la historia del futbol, pero dista mucho de ser lo que un sector de “aficionados” y prensa que vive del 'clickbait' consideran como una verdad irrefutable. No pude negarse que ha tomado muy malas decisiones, pero tampoco puede pasarse por alto que gracias a sus redes de contactos e influencia ha logrado hacer cosas muy respetables por el club.


Todo aquel que tenga por lo menos la mínima experiencia en los negocios; esos de la vida real, de los que no se aprenden en Twitter. Entenderá que la incertidumbre reina en las decisiones, a veces las cosas saldrán como las planeas, en ocasiones incluso mejor. A veces resultarán en un rotundo desastre. No existe en el mundo del deporte una sola institución o directivo que haya tomado 100% de decisiones correctas, ni tampoco las decisiones deportivas de un club tan peculiar como el PSG pasan por una o dos personas solamente; el contexto cuenta, siempre. 

La estructura, objetivos, cultura corporativa e incluso historia del PSG se cuecen aparte. No es un club de socios como el Real Madrid, no es un instrumento financiero al cual exprimirle dividendos como el Manchester United, ni es un símbolo de supremacía regional como el Bayern München. Es un club en su adolescencia que le llenó el ojo a los dirigentes de un Estado en medio oriente (tan o más peculiar aún) para avanzar sus objetivos políticos y económicos. 

Este antecedente es de tomarse en cuenta, Leonardo como pocos directores deportivos en Europa tiene el perfil para ser un agregado político, director deportivo y vocero de prensa. Puede sentarse a la mesa de un jefe de estado en el desayuno, negociar con un agente depredador en el almuerzo y dar una entrevista de una hora en un medio de difusión internacional, todo el mismo día. 

Por ello principalmente se mantiene en el puesto, por ello regresó después de haber salido del club tras ser suspendido por la FFF y por ello (a pesar de los hashtags) lo más probable es que siga en el puesto, independientemente de quien sea el nuevo entrenador cuando Mauricio Pochettino deje su lugar. La gestión de los jóvenes, los refuerzos que no han funcionado o sus choques de personalidad con Thomas Tuchel pueden ser temas interesantes para debatir. 

Oportunidades previas a canteranos, se han dado, no siempre con buenos resultados. Refuerzos decepcionantes, tienden a ser la norma más que la singularidad en la mayoría de los clubes alrededor del mundo y el choque entre egos de personas que pugnan por el poder dentro de una organización no es nada fuera de lo cotidiano. 

Habrá que reprochar, con justa razón algunas decisiones como la salida de Thiago Silva, la renovación de Kurzawa o el sobre precio de Kehrer, pero para ello tendíamos también que ponderar la llegada libre de Donnarumma, de Messi o los descubrimientos de dos baluartes de la institución actualmente, como Verratti y Marquinhos. Más allá de la gestión deportiva de la que Leonardo es la cara, mas no el único operador. Tenemos la gestión puramente de negocios, insinuar que el proyecto “no tiene pies ni cabeza” pasa mucho más allá de ser cuestionable, es atrevidamente ignorante.


El crecimiento del PSG como marca, que verdaderamente inicia con la llegada de QSI en 2011/2012 es una historia de éxito que ha sido objeto de un caso de estudio por la prestigiosa Harvard Business Review, y no por nada. La operación de compra del total del club entre 2011 (70%) y 2012 (30%) costó a QSI alrededor de $131.5 millones de dólares, hoy, diez años después el club está valuado en $2,500 millones de dólares, un crecimiento exponencial de poco más del 1800%. 

En el deporte profesional actual existe una importante correlación entre capacidad económica y éxito en el terreno de juego. En el corto plazo puedes tener éxito en el terreno de juego, pero si las finanzas no están en orden las cosas se ponen difíciles, rápido. No podemos desestimar el trabajo de quien probablemente es el MVP del Football Business en el mundo, Jean-Claude Blanc. Graduado de la prestigiosa Harvard Business School, es el arquitecto detrás de este meteórico crecimiento y el hombre que desde las sombras ha llevado al PSG a convertirse en uno de los diez clubes de futbol mejor valuados en el mundo.


Las aspiraciones de QSI para el PSG son claras, ganar la UEFA Champions League, convertirse en una de las instituciones más dominantes del fútbol europeo y ser una de las marcas deportivas más reconocidas en el mundo. Desde la llegada de QSI hace 10 años esta visión es una realidad más cercana que lo que como club vivíamos a finales de la década del 2000, cuando un gol de Amara Diané en las últimas instancias del campeonato salvó al club (para entonces con tan solo dos campeonatos de liga en su haber) de jugar en la Ligue 2. 

Podemos tener opiniones sobre la gestión del club, la política con los canteranos, el entrenador, la disciplina al interior del grupo, pero objetivamente no podemos aseverar que el club se cae a pedazos, menos aún si esa opinión la basamos en lo que leemos en Twitter. Es válido querer seguir un club que descanse en su cantera para sobresalir, que le de juego a los jóvenes en todo momento por sobre los internacionales con experiencia. Tenemos siempre la opción de cambiar de club y apoyar al Ajax.

Podemos soñar con un club que jamás pague sobre precios en el mercado de fichajes y que no busque por política estrellas mediáticas, nadie nos prohíbe volvernos aficionados al Bayern. Podemos incluso anteponer nuestros principios y ofendernos porque a un club lo soporte una “dictadura homofóbica, opresora y esclavista”, a torcer por el FC St. Pauli entonces. 

Los verdaderos aficionados del PSG, estaremos ahí, viendo cómo nuestro club evoluciona, se reinventa y afronta la adversidad. Como lo ha hecho desde que vio la luz en 1970.

soloparisiens.com

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