La modernidad del PSG y la obsolescencia de los históricos

Foto extraída de: elpais.com

Por allá de 1934 Gabilondo Soler creó los personajes de sus narraciones y canciones infantiles que interpretaba en la estación de radio XEW, siendo el principal de ellos Cri Cri, el grillito cantor. Enorme talento, perseverancia, acumulación de experiencia, sensibilidad hacia su mercado, suerte. El hombre supo aprovechar sus momentos para hacer fama, fortuna y legar una enorme dosis de nostalgia.

¿Qué sucedió para que los niños de la segunda década del siglo XXI desconozcan a aquellos personajes, pero sí saben quién es Mickey Mouse o Bambi, nacidos por las mismas fechas?

La construcción de un proyecto exitoso, que trascienda generaciones, requiere no solo de muchos elementos, como los manejó con toda solvencia don Gabilondo, sino de una visión comercial profesional, permanente, de largo alcance, que Walt Disney y sus herederos sí tuvieron y nuestro paisano y los suyos, no.

En mayo de este 2021 el PSG abrió su primera tienda en Estados Unidos, en Los Angeles, en asociación con la firma distribuidora de artículos deportivos Fanatics. Excelente noticia para los seguidores del equipo, pero toda una sorpresa cuando descubrí que se trataba del primer club de fútbol que establecía una tienda exclusiva en el mayor mercado occidental.

Foto extraída de: psg.fr

¿Cómo es posible que el Real Madrid, Manchester United, Juventus, las Chivas o el Boca Juniors nunca habían hecho eso? La gran mayoría de esos clubes cuentan con escuelas de fútbol en muchísimas ciudades, alrededor de todo el mundo –bajo el nostálgico argumento de impulsar este deporte y desarrollar talento–, pero nunca habían puesto a la disposición de sus seguidores las anheladas colecciones especiales, los artículos que dan identidad (más allá de la relativamente accesible camiseta), la posibilidad de tener siquiera un souvenir de tu equipo en algún rincón de tu recámara, o en la oficina.

Yo tengo un encendedor del PSG que un amigo que visitó París en 2019 me regaló. Lo atesoro, pero ahora sé que en algún momento lo podré pedir en la página de Fanatics o en alguna visita a la cercana tienda californiana y no necesariamente en la lejana y muy cara capital francesa. Porque detrás de ese encendedor hay una visión comercial de largo alcance que hace posible que un mexicano cuyo francés se reduce a Allez Paris pueda apoyar al club desde su casa y armado con todos sus artilugios que, ¡seguro!, le traen buena suerte al equipo.

De ahí parte mi incomprensión hacia aquellos seguidores de equipos europeos que procuran desprestigiar al PSG porque no cuenta con los logros continentales de otros grandes clubes. ¿Dónde está el sustento del futuro de esos equipazos? ¿En la cantera? Porque si hablamos de cantera y talento joven, el Paris no tiene rival. Nuestro futuro luce tan brillante como nuestro presente.

¿En la segunda versión de la Súperliga, que compense los 700 millones de euros que le urgen al Barcelona o en los 500 millones que le permitan al Madrid seguir fichando grandes figuras sin descuidar la modernización de su estadio? Porque un proyecto de ese estilo requiere forzosamente del PSG.

Foto extraída de: fcbarcelonanoticias.com

¿Entonces, en la nostalgia, a la que pomposamente llaman “historia”? Cuando Alfredo Di Stéfano se incorporó al Madrid en 1953, el equipo blanco había conseguido apenas un par de títulos de la liga española, dominada entonces por el Barcelona, y llevaba 20 años sin levantar el trofeo. Durante las siguientes once temporadas, ya con el argentino en sus filas, conseguiría ocho campeonatos hispanos y cinco copas europeas –lo que hoy es la UEFA Champions League, UCL.

Hubo un día que el hoy máximo ganador Madrid no era ningún equipo especial. No tenía mayor nostalgia que triunfos coperos o espectaculares remontadas o goles que marcaban a una generación que cantaba de todo, menos el Alirón.

Di Stéfano es una leyenda a la que admiro por su talento, por su interesante periplo sudamericano hasta llegar al Madrid para crear una dinastía, por su pasión por el equipo al que ayudó a formar, junto a otras grandes estrellas. Porque se convirtió en un jugador de grandes ingresos, sin que ello demeritara en nada su gran dominio del balón ni su capacidad goleadora. Porque su contratación la peleó el Barcelona con lo que se pelean las grandes batallas, con dinero. Y porque con él nació la nostalgia, la “historia” madridista.

Foto extraída de: realmadrid.com

Cuando Zlatan llegó al PSG, me emocioné en solitario. Ninguno de mis amigos le iba al Paris y la noticia no pasó de “claro, ese equipo es el cementerio de los grandes”. ¿De veras? ¿Y Pastore, Cavani, Lavezzi, Verratti, Thiago Silva? Ninguno de mis amigos se percataba de su presencia. En algún momento, Ibra comentó que él había puesto al PSG en el mundo deportivo y que por ello se iba satisfecho. Su destino, la MLS. Simplemente cambia de cementerio, me dijeron. Y que regresa a Europa para brillar con el AC Milan.

Foto extraída de: ligue1.fr

En el PSG que está por iniciar la temporada 2021-2022 en la Ligue 1 (otra demeritada, a pesar de haber sido la más competitiva de las ligas europeas en la temporada que recién terminó y ostentar el más reciente campeonato mundial) veo un cuadro formado por estrellas que quieren hacer juntos su historia. También veo acumulación de experiencia en la directiva, en los aficionados y en el propio jugador líder, porque Neymar no hace declaraciones como las de Zlatan ni pierde los estribos como lo hizo durante su segunda temporada en Paris.

¿Talento? Desde la banca, hasta las tribunas. ¿Perseverancia? Desde los entrenamientos en el Camps de Loges, hasta el más anónimo de los Ultras afuera de los estadios donde la pandemia obliga a jugar a puerta cerrada. ¿Suerte? Que nos acompañe esta temporada.

Veo todo lo que hizo bien don Gabilondo, todo lo que hizo bien Walt. Veo la experiencia que dejó al fútbol mundial Di Stéfano y al equipo Zlatan en el manejo de personal de este Leonardo, ya maduro. Veo pasión en los infantiles gestos de Simons al fallar un pase irrelevante en un partido de preparación y también en ese capitán tozudo que hoy dirige desde el banquillo, Poche.

Mientras echo un vistazo a mi encendedor y tarareo El ratón vaquero, me ilusiona que estemos por vivir la primera nota nostálgica que, en unos veinte o veinticinco años, recordaré con mi familia y con mis muchos amigos mexicanos, ya entonces encanecidos, aficionados al PSG. Sin pandemia, con un bourbon y brindando por las estrellas de este campeonato, ya de todo futbolero conocidas. ¡Salud Parisiens!


Redactado por: Rafael Del Olmo (@rafaeldelolmo)
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