La dimensión a la que Qatar llevó al Paris Saint-Germain

Foto extraída de: marca.com

El 31 de mayo de 2011, el PSG formalizó la entrada de inversores cataríes en la capital del club. Diez años después, París se está moviendo hacia otra dimensión. 


Tres de las últimas cinco temporadas fuera del Top 10 de la Ligue 1, un terrible plan de Leproux para erradicar los problemas de violencia en el Parc des Princes... Y luego, de pronto, la revolución: 31 de mayo de 2011, Colony Capital cedió el 70% del capital del PSG al fondo "Qatar Sports Investments", QSI, que tomó el control del club al 100% el año siguiente. Y que, en un lapso de diez años, transformó al Paris Saint-Germain de arriba abajo.


Dominio casi total del fútbol francés 


Cuando tomó el control del PSG en 2011, Qatar anunció que quería poner al club capitalino «al primer nivel en Francia y en el extranjero». Sobre el primer punto, el éxito es innegable. 


Desde su cambio de propietarios, París ha ganado la Ligue 1 siete veces de cada diez intentos, solo Montpellier (2012), Mónaco (2017) y Lille (2021) han logrado frustrar sus planes, seis veces la Coupe de France, seis veces la Coupe de la Ligue, y ocho veces el Trophée des Champions. 


Esto suma 27 títulos nacionales en una década, y 25 más que el Lyon, el segundo "mejor" club francés en el mismo período, gracias a un doblete (Trophée des Champions y Coupe de France) en 2012. Detrás de ellos, los demás solo comparten las migajas. 


Hay que decir que desde el punto de vista económico, París ya no se sienta en la misma mesa que sus rivales franceses. Con el apoyo de Qatar, un estado rico en gas, el PSG ha visto aumentar su presupuesto de aproximadamente 100 a 600 millones de euros (más del doble que el de Lyon) y ha invertido alrededor de 1.500 millones de euros en transferencias. 


El festival lo abrió Javier Pastore en agosto de 2011 (42 millones de euros), antes de seguir a Thiago Silva, Zlatan Ibrahimovic, Edinson Cavani, Marquinhos, David Luiz o Ángel Di María, para después llegar al límite en el verano de 2017 con la doble llegada de Neymar y Kylian Mbappé, los dos fichajes más caros de la historia del fútbol, ​​unos 400 millones de euros entre ambos.


Foto extraída de: eldesmarque.com


Una marca global


A principios de marzo, el Paris Saint-Germain festejó haber superado los 100 millones de seguidores en sus diversas redes sociales, donde diez años antes los seguían 500 mil aficionados. Esto muestra la dimensión que ha tomado el club francés, que se ha convertido en una marca global.


Para aumentar su popularidad, París apostó primero por nombres, jugadores estrella, como David Beckham en 2012, antes de que Neymar y sus compatriotas crearan un club ultraseguido en Brasil. Pero también ha incrementado sus actividades y colaboraciones, como con la marca estadounidense Jordan (filial de su fabricante de uniformes, Nike) que le ha permitido exhibir su logo en el borde de los pisos de la NBA y seducir a muchos artistas. 


En mayo, el PSG entró en el top 50 del ranking Forbes de las franquicias deportivas más valoradas del planeta (47°). Según la revista estadounidense, el club parisino ha experimentado el mayor crecimiento en valor en los últimos cinco años con un +207%, mucho mayor al de Los Angeles Rams (NFL) o el Liverpool.


«Estamos en el camino correcto para lograr nuestro objetivo, que sigue siendo convertir al PSG en una de las diez franquicias deportivas más grandes del mundo», dijo recientemente a la AFP el presidente, Nasser Al-Khelaïfi. Y para alegrarnos: «Hoy nuestros productos derivados se venden a los cuatro rincones del planeta, en todas partes nos encontramos con personas que los usan».


Foto extraída de: fichajes.net

El éxito europeo pendiente


Despreciado durante mucho tiempo por los líderes históricos del viejo continente (Juventus, Barça, Bayern...) por su perfil de "nuevo rico", el PSG ha entrado desde hace unos años en las grandes ligas a escala europea. Pero para entrar en la lista de los verdaderos grandes, aún le falta esa ansiada victoria en la Champions League, la competición de sus sueños, pero también escenario de muchas decepciones. 


Entre París y la Champions League, la historia es complicada desde hace tiempo: el gol de Demba Ba con el Chelsea en 2014, obviamente la humillante "remontada" por 6-1 ante el Barça en 2017, o la vergonzosa eliminación ante el segundo equipo del Manchester United en 2019. 


En las dos últimas temporadas, el PSG todavía parecía dar un paso adelante, llegando a la final de la edición 2020 ante el Bayern (derrota por 1-0), luego a la semifinal en 2021, tras haber eliminado al Barça y al gigante bávaro. El camino ya parece más accesible, pero el problema es el mismo para todos: el próximo mes de septiembre habrá qué empezar de cero.


Foto extraída de: goal.com

La imagen de un club inestable


Desde 2011, el Paris Saint-Germain se ha estructurado, tanto en términos de personas como de instalaciones, y en muchos sentidos no tiene nada que envidiar a los equipos más grandes de Europa. ¿Hasta ahora se ha convertido en un ejemplo de estabilidad? No necesariamente...


El PSG ha experimentado un baile de entrenadores (seis en diez años), que es característico de muchos equipos, pero especialmente de nosotros, con diferentes polémicas incluidas. Como en 2013, cuando el director deportivo, Leonardo, dejó el club con un año de suspensión por empujar a un árbitro, antes de regresar por la puerta frande en 2019, o en 2016, cuando el defensa Serge Aurier insultó abiertamente a su entrenador Laurent Blanc, y a varios miembros del equipo en un video publicado en redes sociales. 


En términos más generales, París a veces ha dado la impresión de un club que deja demasiada libertad a sus jugadores, que a cambio no siempre muestran un enorme respeto por el escudo. Este había sido el caso de Zlatan Ibrahimovic, autor de varias declaraciones llamativas desde su marcha ("¿Qué echo de menos del PSG? Mi sueldo"), pero también de Neymar, que había intentado forzar su marcha en el verano de 2019, afirmando en concreto que su mejor recuerdo como futbolista fue la "remontada" que le infligió al Paris cuando jugaba en el Barça. 


Eso no ha impedido que el brasileño extienda su contrato hasta 2025 hace unas semanas. Porque ahí ha pasado la crisis, pero también porque el PSG, que sigue creciendo, es uno de los pocos clubes que puede permitirle cumplir sus ambiciones.

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